Cuando estaba en el instituto, debería tener unos 13-14 años, con dos o tres amigas más decidimos apuntarnos a la Cruz Roja de nuestra ciudad. Nos propusieron cuidar a un niño discapacitado, el Alfred, más que cuidar era  ir a dar un paseo con él, llevarlo con la silla de ruedas a dar un paseo durante una hora-hora y media, una vez a la semana por la tarde, lo hacíamos el día en que librábamos del instituto por la tarde.  Fue poquito el tiempo que estuvimos con él, ya que él era muy vergonzoso y tanta niña adolescente lo asustamos un poco, pobrecillo. 🙂

Llegó Navidad, nos apuntamos para ir a cantar villancicos  a las residencias de ancianos. ¡Eso fue muy divertido! Lo recuerdo con mucha alegría! con nuestro gorrito de papa Noel ! 😀 La cara de contentos de los abuelos eran impagables.

Esta época en la Cruz Roja la recuerdo muy divertida, conocimos a más jóvenes de nuestra edad y hicimos amistades nuevas.

Un día hicimos una salida a la playa de Blanes y nos enseñaron como trabajaban lo socorristas de allí, alquilamos una barquita de esas con pedales, estuvo muy bien. 🙂

Animaros a colaborar con la Cruz Roja, tienen todo tipo de propuestas para cada tipo de persona.

Yo después de más de diez años, vuelvo a ser voluntaria de la Cruz Roja, ahora tengo mi trabajo de horario partido, mi piso, y aún así me encontraron la manera de poder ayudar a alguien. Os lo cuento en el próximo “post”, es una experiencia muy interesante y que estoy aprendiendo un montón.

Saludos, 🙂